
Tras los pasos tehuelches
Trato de imaginar este lugar unos 10 mil años atrás, cuando los primeros pobladores -antecesores de los tehuelches o aónikenk- se paseaban por estas tierras soberanos, gallardos, gigantes, como los nombró milenios más tarde Magallanes.
Siempre he dicho que cuando uno entiende la historia de un lugar, los paisajes comienzan a cobrar más sentido. Esta vez no es diferente.
En la expedición hemos visto sus huellas, hemos analizado y hemos echado a volar la imaginación. Claramente aún queda una labor titánica para los arqueólogos, paleontólogos, antropólogos e historiadores de seguir buscando-estudiando esta zona.
En lo personal siento otro desafío: comunicar. Tratar de hacer un salto desde una ficción colegial aburrida a una realidad fascinante. ¿Cómo hacer para que el tehuelche deje de ser un nativo extinto y lejano que sólo recordamos por una PAA (o PSU para los más modernos), para cobrar vida e identidad? ¿Qué hacer para hacer sentir y soñar esta pampa? El lugar donde armaban sus campamentos, cazaban, pintaban, tallaban sus armas y sepultaban sus muertos. El lugar donde planeaban y decidían.
Mientras un par de amigos buscan sus rastros, yo escribo estas líneas en un cuaderno sentada en plena estepa. Miro a mi alrededor y no puedo parar de imaginar a estos hombres caminando, riendo y, a ratos, refunfuñando por el viento.
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